Dentro y fuera del Escenario: Antes, durante y despues del blackout.
- Artículo Pax

- 4 feb
- 6 Min. de lectura
De gira con un guitar tech profesional por Toño Dehesa
“They were there hours before you building the stage, and they will be there hours after you leave tearing it down. They should get your salary, and you should get theirs.”

Con esas palabras empieza todo. Porque nadie lo dice mejor cuando se trata de hablar de la gente que hace que un show suceda.
Hoy, desde mi experiencia como guitar tech y guitar builder desde 2001, quiero compartir lo que significa realmente ser parte de un crew en vivo. Soy Toño Dehesa y me da gusto tener este espacio para hablarles del trabajo que hacemos quienes estamos detrás del escenario, desde que salimos de casa hasta que regresamos.
He trabajado con muchas bandas: Poncho Kings, La Lupita, Jesse & Joy, Fobia, Moderatto, Camila, Los Temerarios, y actualmente con Enrique Bunbury. Con cada una, la dinámica ha sido distinta: el trato, las condiciones, el ritmo y la energía. Sin embargo, esta vez quiero enfocarme en mi capítulo más reciente, porque sinceramente, ha sido la mejor experiencia que he tenido en todos los aspectos. Este proyecto representa la excelencia a la que todos los que mantenemos viva esta industria deberíamos aspirar.
Ya después les contaré anécdotas y aprendizajes con cada banda. Por ahora, acompáñenme en la última parte de la gira con El Huracán Ambulante.
El inicio de la aventura: Master Tour y la maleta mágica
Todo arranca el día que veo en mi teléfono una notificación de la app Master Tour: una actualización del tour manager con vuelos a España, horarios, códigos de reserva y toda la información necesaria para comenzar a planear.
Es un vuelo largo, de esos nocturnos que llamamos red eye —y sí, el ojo me quedó así por una semana gracias al jet lag, pero esa es otra historia.
Antes de viajar, la producción ya ha reunido todo el equipo y herramientas de cada integrante. En mi caso, mi inseparable Pelican 1560, con todo lo necesario para trabajar guitarras y bajos durante la gira. Esto hace que el día del vuelo solo lleve mi maleta y artículos personales, sin cargos extras al documentar (y créanme, eso ya es un gran alivio).
Con todo listo y la maleta junto a la puerta, comienza la travesía.
El despegue y los primeros acuerdos
Salgo de casa alrededor de las 9 o 9:30 de la noche, acompañado de mi partner in crime, Conchi, que siempre está ahí. (Algo bueno debí haber hecho en otra vida para merecer eso). Ella me deja en el aeropuerto y nos despedimos hasta mi regreso, tres semanas después.
Hago el check-in, dejo la maleta y empiezo a buscar a mis compañeros — mi familia de las próximas semanas. Por suerte, casi todos tenemos asientos de ventana o pasillo. Los intercambiamos entre nosotros para viajar más cómodos. Por ejemplo, yo prefiero pasillo; Bato, el ingeniero de monitores, siempre pide ventana. Pequeños acuerdos que hacen la diferencia.
Entre una película, algo de música y un par de horas de sueño, llegamos a Madrid un miércoles temprano.
Ese día es “para descansar”, si así se le puede llamar. Porque el jueves, ya estamos montando ensayo en la arena Movistar, previo al concierto. El ensayo (pagado al 100%) se monta exactamente igual que un show real, y corremos el setlist una o dos veces por día.
El ritual en el Backstage: Montaje y Setup
Llego temprano junto con producción. Descargamos el equipo y busco al personal local de backline para pedir guitarreros, bases y un par de cases vacíos para improvisar una mesa de trabajo. Abro los guitarreros, dejo que las guitarras “respiren” y saco pedaleras, cables y accesorios.

Ese primer armado me toma alrededor de una hora, tiempo suficiente para comenzar los ajustes.
Busco un espacio cómodo, abro mi Pelican y monto un pequeño taller portátil. Empieza el ritual:
● Limpieza y cambio de cuerdas.
● Ajuste de alma.
● Octavación y calibración.
Todo lo que se hace en un taller, pero en modo exprés y rodeado de ruido.
Cada artista tiene su ritmo para estos ajustes. Algunos cada mes, otros cada cierto número de shows. Nosotros acordamos hacerlo cada tres presentaciones. Como eran dos días de ensayo y un show en Madrid, sabía que repetiría el proceso para el concierto en Barcelona.
Ahí el tiempo apremia: tres guitarras para Jordi, dos bajos para Del, dos acústicas para Javi, y dos más para Enrique, que como siempre, se presenta puntual al ensayo como uno más del grupo.
Voy colocando cada instrumento en su lugar: las guitarras junto a Jordi, las acústicas cerca de Javi, el bajo de Del, y las de Enrique se las paso a Goyo, quien estará con él en el escenario.
El Setlist es la Ley
Cuando empieza el ensayo, todo está en orden. Sigo el setlist con atención, cambiando instrumentos según la canción. En ese setlist anoto cada cambio, cada detalle. Confiar en la memoria en un show es receta para el desastre. Así que —consejo de vida— ¡siempre anoten todo! Yo lo pego donde siempre pueda verlo: en el guitarrero, una pared, una cortina, lo que haya.
En los días en que no hay cambio de cuerdas, el tiempo sobra. ¿Y qué hago? No mucho, la verdad. Tomo café… mucho café. Al terminar el ensayo, hablo con los músicos por si hay algo que ajustar. Si no, solo queda replicar lo practicado en el escenario.
Terminamos jueves y viernes, guardamos todo, y el sábado empieza lo bueno: el montaje real, ya con luces, pantallas y escenografía.
El stage manager indica las posiciones de tarimas — eso define dónde irá cada músico. Coordino con Ricardo, el drum tech, la ubicación del bajo y la guitarra respecto a batería y percusiones. Y empieza otra vez la danza: pedaleras, cables, guitarras, stands, accesorios, todo en su sitio.
De la prueba de sonido al Blackout
Llega el line check — el momento de revisar que todo suene limpio — y después, tiempo de comer. En todos los venues hay catering: agua, refrescos, café, fruta, galletas, pan… y a la hora de comer, menú completo. No todas las producciones lo tienen, y cuando no, toca salir a buscar algo por tu cuenta. Así que, otro punto a favor.
Después de comer, llega la prueba de sonido (soundcheck). Tocan tres o cuatro canciones, y luego tres más con Enrique. Es soundcheck, no ensayo. Y ahí es donde todo puede salir perfecto… o puede irse al carajo. Por eso, antes del show, hay otro line check 20 minutos antes. Es la última oportunidad de que todo esté listo.
El Show y la Danza del Desmontaje
Reviso conexiones, coloco el setlist junto a la pedalera y detrás de los metales. Pongo un par de botellas de agua y una toalla en cada puesto. Los músicos suben. Se apagan las luces. Blackout. Y arranca el show.
Todo lo practicado toma vida. Pero, shit happens: se rompe una cuerda, se apaga un canal, se cae una guitarra, se va la luz. Ahí entra el crew. Ahí estamos nosotros: para resolver lo que sea, sin que el público note nada.
Cuando termina el show, viene el desmontaje. Recojo en el mismo orden: guitarras, pedaleras, cables, accesorios. Cuido que nada quede expuesto, porque los stage hands —igual que tú— solo quieren irse rápido a descansar, y los descuidos cuestan caro.
A veces el público te pide una plumilla, un setlist, algo de recuerdo. Y aunque parezca grosero, no suelo detenerme. Una distracción y olvidas algo importante. Al final, ese es tu trabajo.
Entrego mi equipo a quien coordina la mudanza, paso a camerinos, escucho el feedback de los músicos — que siempre ayuda para el siguiente show — y sí, finalmente, una cena y un par de cervezas merecidísimas.
La vida en la carretera y la familia en casa
Así termina el día. Luego, al hotel (habitación individual, otro gran plus), y a dormir.
Mucha gente me dice que tengo el mejor trabajo del mundo: viajo, conozco lugares, vivo experiencias únicas. Y sí, tiene cosas maravillosas — en este viaje hicimos 4 shows en 18 días, y hasta pude escaparme dos días a la playa.
Pero también tiene su lado duro: estar lejos de casa, de la familia. Algunos tenemos negocios, pendientes, otras batallas. Y aunque uno elige este estilo de vida, los que te esperan en casa no siempre lo entienden. Por eso, como dijo Henry Rollins, ellos —los que sostienen todo— merecen más de lo que se ve.
Hace nueve años decidí dejar de girar. Volver fue difícil. Pero también fue profundamente gratificante. Agradezco a quienes estuvieron ahí para hacerlo más fácil — especialmente a Conchi, mi compañera, mi apoyo incondicional.
No sé si haya una receta para vivir esto. Cada quien lo experimenta distinto. Yo solo sé que amo mi trabajo, tanto en el taller como en el escenario. Y no sabría elegir entre uno u otro.
Si estás leyendo esto y te interesa formar parte de un crew, o ya estás en uno:
● Disfrútalo.
● Trabaja duro.
● Sé responsable.
● Recuerda que, en gira, esa gente se convierte en tu familia.
● Aprende de ellos. Ayúdalos cuando puedas.
Ahí atrás hay mucho talento que pocas veces recibe reconocimiento. Y quizá, dentro de algunos años, seas tú esa persona a la que otros quieran seguir.
4 de febrero del 2026 - México CDMX - Laudería PaxChe
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